¿Cómo cambian nuestros genitales con la edad? ¿Cómo nos afecta eso?

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Con la edad se producen cambios en nuestros genitales, en gran parte por los cambios hormonales; conocerlos (conocernos) ayudará a poder vivir nuestra sexualidad – cómo te vives como el hombre o la mujer que eres-, nuestra erótica y nuestra amatoria mejor y sin frustraciones.

Aquí no dividiremos en “aparato genital femenino y masculino”, partiendo de la intersexualidad preferimos dejar que cada cual se identifique con lo que corresponda:

Uno de los cambios que más puede afectar a la vida de la persona son los cambios en las paredes vaginales: estas se vuelven menos elásticas, menos arrugadas y más delgadas. Esto tendrá claros efectos a la hora, por ejemplo, de la penetración, ya que la vagina será menos amoldable y flexible a el pene (u otro objeto).

La vagina se vuelve más pequeña, disminuye el tejido genital externo (atrofia de los labios de la vulva) y las secreciones se vuelven escasas y acuosas, lo que se traduce en falta de lubricación.

La flora vaginal cambia, lo que puede aumentar el riesgo de infecciones vaginales por levaduras y se pierde tono de los músculos púbicos.

Los ovarios dejan de liberar óvulos y los períodos menstruales cesan, esto es lo que se conoce como menopausia.

En el caso de los testículos, la masa tisular (de los tejidos) disminuye. El número de esperma producido por los testículos es menor aunque el volumen de semen eyaculado puede seguir siendo el mismo.

Los conductos que transportan el esperma se pueden volver menos elásticos.

La próstata se agranda con la edad y algo de su tejido es reemplazado por tejido fibrótico (similar a “una cicatriz). Además, en el caso de que tenga que ser extirpada por diversos problemas, como la función de esta no está estrechamente relacionada con la fertilidad, podrá seguir engendrando aun cuando esta haya sido extirpada, ya que la próstata se encarga de producir el líquido seminal que protege y nutre a los espermatozoides.

Las erecciones tardan más tiempo en producirse e igual se producen en menor número, pero éstas pueden durar más, más que cuando se es joven.

Después de haber leído todo esto parece que no nos augura un buen futuro y que todo son problemas, pero no siempre esto tiene que ser así:

El hecho de tener la menopausia permitirá que en nuestras relaciones eróticas con penetración no tengamos que andar pendientes de embarazos no deseados, por ejemplo. La falta de lubricación vaginal se puede favorecer con algún lubricante. Que predomine la lentitud es un buen momento para tomarse las cosas con calma y pararse en aquellos detalles que antes no lo hacíamos.

Además no hay que olvidar que relación erótica, la amatoria con tu pareja (u otra persona), no es sinónimo de penetración vaginal. El coito es la norma, “lo que deberíamos hacer” pero, si nos preguntamos qué es lo que deseamos realmente en ese momento, muchísimas veces la penetración no es una de ellas, no en muchos momentos.

Por lo tanto, la vejez también será una gran oportunidad para vivir y re-experimentar nuestras relaciones eróticas y nuestra amatoria, y aunque parezca increíble, puede que nos llevemos una sorpresa y que estas sean incluso más satisfactorias que las que se tenían cuando se era una persona joven y veloz.

Los pequeños detalles son lo que verdaderamente marcan la diferencia, y durante la juventud es muy probable que no nos paremos en esos pequeños detalles, corremos tanto que no los vemos.

Además no hay que olvidar que cuanto más años pasan mejor nos conocemos, mejor sabemos lo que queremos, mejor conocemos a nuestra pareja (si se tiene) y esta nos conoce mejor también. Tenemos más experiencia y seguramente esta nos haya enseñado a comunicarnos mejora saber pedir lo que queremos y hacerlo de una forma más asertiva. Tenemos más experiencia de vida y eso se va a ver reflejado en nuestra vivencia tanto de la sexualidad -como nos vivimos como los hombres y mujeres que somos- y en nuestra erótica y amatoria.

La sociedad capitalista de hoy día, es veloz, impulsiva, consumista, va al son de los jóvenes -o al menos de una mayoría- pero se olvida de los más mayores, los cuales tienen mucho que aportar, empezando por su sabiduría y las habilidades y conocimientos que la propia experiencia les ha hecho adquirir.

¿Quién va a saber resolver un conflicto o una situación difícil mejor? ¿quién va a tener en cuenta mejor todas las variables que van a influir en él? ¿quién tiene más experiencia para ver estas variables y saber mejor que es lo que puede pasar? Con nuestra sexualidad, nuestra erótica y nuestra amatoria pasa lo mismo.

 

 

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Relaciones de pareja en la vejez

Hay quien dijo que la jubilación era buen momento para divorciarse si no se estaba a gusto con la pareja. Es verdad que muchas veces cuando una persona mayor se quiere divorciar o separar se le dice “a estas alturas ¿para qué?, “si llevas toda la vida con esa persona”; se toma a broma o se piensa que esa persona está loca, como si ya apenas le quedase vida que vivir. Pues bien, las personas mayores tienen todo el derecho del mundo a hacer o deshacer su vida como crean conveniente. Si no están a gusto con quién están, nunca es tarde para rehacer la vida. Los años que le quedan de vida a esa persona le pertenecen y puede vivirlos como quiera.

Por otra parte, la jubilación es un momento ideal para reinventar la relación que tienes con tu pareja. Después de una vida marcada por el trabajo -y puede que por la crianza- es momento de vivirse, quererse, aceptarse, disfrutarse, en solitario y en pareja (o parejas), donde las obligaciones laborales y de crianza están ausentes. Hay tiempo para vivir la relación, disfrutar de ella y reinventarse en ella, como ser y como pareja.

Es momento de seguir con la rutina diaria con la que la persona o la pareja se siente cómoda, o es momento de dar una patada en el suelo y hacer un cambio radical, hacer aquello que siempre se quiso hacer pero no se podía, o irse a vivir a aquel lugar alejado en donde el trabajo y otras obligaciones no dejaban ir.

A menudo, empezando por las instituciones que se encargan del cuidado de las personas mayores, se les infantiliza, desde no dejar que dos personas duerman juntas en una residencia hasta avisar a sus descendientes si establecen algún tipo de relación más íntima con otra persona residente. No debemos olvidar que son personas que toda su vida han estado tomando decisiones por sí mismas, e incluso decisiones por personas a su cargo, son personas adultas dueñas de su propia vida.

Parece que nos preocupa mucho dar más años de vida y nos olvidamos de dar más vida a los años.

 

Que los “debería ser así” no nos impidan vivir(nos) como queramos

Es habitual encontrar publicaciones en donde te dicen “mastúrbarse ayuda a conocer nuestro propio cuerpo”, “los orgasmos tienen tales beneficios”… en donde te dicen qué debes hacer. Muchas veces este discurso viene para intentar combatir el prohibicionismo, pero deberíamos saber que la prescripción puede ser tan mala o incluso peor que el prohibicionismo. La prescripción tiene un componente de evitación, basta que te digan que tienes que hacer algo para que no lo quieras hacer. ¿Cuántas veces nos han mandado hacer una cosa y solo el hecho de que nos la hayan mandado ya hace que el deseo de hacerla huya?

Cuándo prescribimos estamos diciendo lo que debería ser, y puede llevar a muchos problemas. Uno de los problemas más de moda es “la falta de deseo” ¿falta de deseo de qué?, puedes no desear la penetración pero sí la compañía, caricias, besos… y un largo etcétera. Puedes no desear masturbarte, por una y mil razones, y otras personas querer hacerlo muy a menudo. ¿En dónde está el problema? El único problema es cuándo se medicaliza la falta o el exceso de deseo. Muchas veces la forma en qué nos relacionamos con la(s) persona(s) es lo que nos está causando algún tipo de dificultad en dicha relación, y esta dificultad puede venir por lo que debería sercómo debería ser.

La diversidad es lo normal, la variabilidad es lo normal, e intentar meter a todo el mundo en “La campana de Gauss” solo nos enseña que lo que creíamos que estaba bajo dicha campana, “lo normal” no es ni tan siquiera lo mayoritario.

La conspiración de silencio con personas mayores

Cuando una persona mayor tiene una enfermedad grave, los familiares algunas veces quieren escondérselo, hay muchas razones, una de ellas suele ser para que no sufra y viva tranquilx lo que le queda de vida.

Para empezar, una persona mayor -dejemos de lado de momento los casos en los que hay una incapacitación legal- es una persona adulta y no unx niñx: esto quiere decir que es una persona que toda su vida a tomado decisiones sobre sí mismx y sobre su vida, es una persona capaz. Lxs médicxs (o cualquier otrx profesional) debería darle la información a la persona mayor y preguntar si esta quiere que estén los familiares delante. Lo que suele pasar – o pasa siempre más bien- es que la información se le da a la familia. Un ejemplo muy claro es cuando una persona mayor está en un hospital ingresada: entra lx médicx y pasa visita con la persona que esté allí de acompañante, y luego se va al pasillo y le dice a la familia cómo va esa persona. Aunque mientras que pasa visita mande a la persona que está allí salir, al finalizar en el pasillo le dará esa información igualmente. Esto está mal, aunque se haga está mal, lx médicx debería dar la información a la persona mayor y no a la familia, a no ser que esta de permiso. Además, la información luego no se la cuenta a la persona mayor – algunas veces sí, pero pocas- y queda en manos de la familia decirlo o no; o si la familia le pide por favor que no se lo diga no se hace.

Primero, la persona que está sufriendo algúna enfermedad -o lo que sea- suele ser la primera en darse cuenta de que algo va mal (al igual que pasa con las personas que van a morir que suelen saberlo aunque se les niegue tal información). Además, no es muy tranquilizador ver a lx médicx hablando en el pasillo a escondidas de unx.

Se da lo que se conoce como conspiración de silencio que no es más que todas aquellas estrategias, esfuerzos de pacientes, familia y/o sanitarios destinados a evitar que alguna de las partes involucradas conozcan no sólo el diagnóstico y/o pronóstico de la enfermedad, también las emociones, las dificultades o el propio malestar que les atenaza. También se puede definir como una alteración de la información con el acuerdo implícito o explícito de negar la situación del enfermo al propio enfermo (Arranz, Barbero, Barreto y Bayés).

Muchas veces pueden venir lxs familiares pidiéndonos – a lxs psicólogxs u otrxs profesionales- que mantengamos esa conspiración. Hay varias razones – de las que solo expodré algunas- que se le pueden -deben- exponer a los familiares por las que no podría ser así. (Y que también valen para las personas con enfermedades terminales):

La primera es que existe una Ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en Materia de Información y Documentación Clínica en dónde, ya solo por Ley, estamos obligadxs a no ocultarle esa información a la persona/paciente.

La segunda sería que si la persona se entera de su diganóstico, y de la ocultación de este por parte de sus familiares, no lo verían como un acto de buena fe “ay que agradecidx estoy por haberme mentido sobre mi futuro”, lo más probable es que la persona mayor lo viera como una traición por parte de esxs familiares -por muy bienintencionado que sea-. Para comprender esto, ponerse en el lugar de la persona e imaginar cómo nos sentaría que nuestras personas más queridas y en quien confiamos nos oculten algo tan grande de NUESTRA vida. Porque al final es eso, es SU VIDA y no tenemos derecho a decidir sobre la vida de otra persona -dejemos fuera las incapacitaciones legales, enfermedades como el Alzheimer, avanzadas etc-.

Como tercera razón voy a nombrar esa de que la persona tiene todo el derecho del mundo de planificar su vida sabiendo lo que tiene. Si tiene una enfermedad terminal como el cáncer, una enfermedad como el Alzheimer que le va a robar por completo su identidad… tiene todo el derecho a decidir qué quiere que se haga cuando ya no pueda por sí mismx hacer ni decidir nada: decidir sobre sus últimos días -dónde los quiere pasar, cómo serán sus últimos cuidados…-, dentro de lo que la situación económica o de lxs cuidadorxs lo permita, arreglar el testamento… cosas como si quiere donar órganos o incluso donar esa parte de su cuerpo que tiene el cáncer, el cerebro en el Alzheimer etc… para investigación. Esto último puede parecer muy atroz, pero hay personas que ya que tienen la enfermedad, saber que pueden ayudar a otrxs ya que ellxs no van a poder hacer nada, puede serles útil.

Podría seguir enumerando razones, pero la base de todas ellas es que esa persona mayor que creemos que ha vuelto a ser unx niñx, que tenemos que proteger y que, por ser mayor y cuidar de ella, tenemos derecho, poder y posesión sobre su vida, no es así. Es una persona diferente a nosotrxs dueña de su propia vida.

Por tanto, una solución que se le puede dar a esxs familiares -que enfrentarse no lleva a nada- es explicar las diversas razones, darles X tiempo para que se lo digan ellxs mismxs y luego nosotrxs ayudamos a manejar la situación si es necesario. Hacerles entender que si la persona pregunta, que muchas veces preguntan, no les podemos mentir, ya por la Ley citada anteriormente. Y, si lx médicx no se lo ha dicho, siempre es mejor que se enteren por ellxs que por nosotrxs.

Además puede enterarse de formas muy diversas, y, lo que suele ocurrir es que aunque no se le diga nada ellxs mismxs son quienes primero saben que algo va mal.

¿Y qué pasa cuando hay esta conspiración de silencio y ellxs lo saben y quieren hablar de su enfermedad?

Muchas veces las personas saben que algo va mal, que se lo están ocultando, y quieren y necesitan hablar de ello pero no pueden porque las personas que les rodean hacen como que no pasa nada y que todo va a salir bien. Esto es, desde luego, fuente de sufrimiento para la persona, que necesita hablar, desahogarse, o simplemente despedirse de la gente antes de que llegue la muerte o la pérdida de identidad. Puede querer organizar las últimas cosas (testamento etc.).

Aun así, repito que esta situación no debería de darse porque lx médicx debería contárselo a la persona y no a la familia. Pero, mientras eso no cambie, sí podemos aprender nosotrxs como profesionales a manejar mejor la situación -que nos viene ya dada- y educar a las familias porque, muchas veces, es solo falta de educación e información por lo que las familias quieren ocultarselo a la persona, porque creen que así les evitan sufrimiento, cuando suele ser todo lo contrario.

¿Qué pasa cuando las personas no quieren saberlo?

Por lo menos en el caso de tener un cáncer, hay personas que no quieren saber cuán cerca de la muerte están o si tienen o no un cáncer. Se debe respetar esta decisión, por supuesto, y hay indicadores no verbales que nos dirán hasta que punto quiere saber la persona -porque puede querer saber, pero no todo-.

En el caso de enfermedades, como el Alzheimer, en donde la persona tenga que tomar decisiones sobre sus cuidados… para cuando ya no puedan hacerlo, creo que se debe trabajar cada caso en particular: a veces no querer saberlo es por miedo, o por falta de información de lo que la enfermedad supone… habría que saber por qué no quiere saberlo, y hacerle ver que si cambia de opinion estaremos ahí para cuándo quiera hablar. A veces la gente lo que necesita es tiempo, tiempo para armarse de valor, porque cuando haces una pregunta te arriesgas a una respuesta.

 

Paracetamol, ibuprofeno y aspirina

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Cuando nos encontramos mal, la práctica de medicarnos por nuestra cuenta con alguno de estos 3 medicamentos está a la orden del día. Pero muchas veces no se usan como es debido:

El paracetamol es un antipirético (reduce la fiebre) y analgésico (reduce el dolor), pero NO es antiinflamatorio. Está indicado para el dolor (que no sea de tipo inflamatorio) y para la fiebre. Muchas personas usan el paracetamol cuando tienen algún tipo de dolor que conlleva inflamación, y para ello sería necesario un antiinflamatorio.

El ibuprofeno es antitérmico, analgésico y tiene un potente efecto antiinflamatorio. Por lo tanto para infecciones, dolores musculares, dismenorrea, dolor de garganta etc. -cualquier dolencia que conlleve inflamación- estaría indicado. Por el contrario, su efecto antitérmico es muy débil y por ello está recomendado el paracetamol o la aspirina en su lugar. Muchas personas tienen que tomar protectores gástricos (omeprazol por ejemplo) a la vez porque daña la mucosa gástrica. También es antiagregante plaquetario (ver siguiente párrafo).

La aspirina (Ácido acetilsalicílico) tiene los tres efectos: analgésico, antipirético y antiinflamatorio. Además, también es antiagregante plaquetario haciendo que la sangre no se coagule, por lo tanto, las personas que están a tratamiento con heparina, sintrom… tienen que consultar primero al médico -y seguramente no puedan tomarla- porque podría producirse una hemorragia.

Esto es, tomamos medicamentos que creemos inocuos, los cuales no necesitan receta para ser adquiridos, -y no solo tomamos, si no que abusamos-

Sexología: trabajar con las actitudes

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Las actitudes que tomamos hacia las cosas pueden resumirse en tres tipos:

Las actitudes normativas son aquellas que dicen lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal y lo que no lo es. Podemos dividirlas en prohibitivas y permisivas.

Las combativas son aquellas que, además de decir lo que está bien y lo que está mal, pretender lograr un cambio, luchar contra ello. Podemos dividirlas en actitudes de lucha y de defensa.

Ambas se encuentran en la polaridad: permisividad – prohibicionismo; defensa – ataque; son referentes externos (ajenos) al sujeto; y  prescriben, proscriben y describenGeneralmente estas dos se pueden encontrar detrás de los juicios y las discriminaciones. 

Por otro lado están las actitudes de cultivo y empatía (comprensividad), que son desde las que nos posicionamos lxs profesionalxs de la sexología (o al menos son ellas las que forman parte de nuestro marco de trabajo). Al contrario que las anteriores son referentes internos al sujeto y solo describen (no proscriben ni prescriben). Que sean referentes internos implica que nunca van a ser propositivas, nunca va a haber un debe. 

Estas últimas actitudes entienden que cada persona se sexua de forma única. La sexuación es un “proceso biográfico —y no sólo biológico— a través del cual los factores o elementos sexuantes configuran al sujeto como tal sujeto sexuado con sus modos, matices y peculiaridades, es decir en la complejidad de su individuación propia a través de todos los rasgos o elementos sexuantes que, de muy diversa forma, participan en él”. (Efigenio Amezúa). 

 

Del “darlo todo por amor” al dejar los lazos afectivos completamente de lado.

Hace unas semanas fui a ver la película de “La la land” ya que tan buenas críticas tenía:

(Si no has visto la película no sigas leyendo: Spoilers)

Me pareció bastante triste el final y  me enfadó un poco la idea que dan de que para conseguir el éxito debes dejar todo de lado, debes dejar los vínculos afectivos de lado, debes dejar el amor de lado. Luego, al final de la película se les ve que han conseguido lo que querían pero ¿realmente son felices? la cámara hace unos primeros planos de ambos que se ve que se siguen queriendo. Pero es más importante dejar el amor de lado, dejar los lazos afectivos de cualquier tipo de lado para conseguir lo que querías ser/tener en esta vida.

Al igual que dejarlo todo por amor puede llevarte a plantearte si es esa vida la que querías, ¿dejar el amor de lado para conseguir eso que querías y no tener con quien compartirlo o no con quien tú querías compartirlo, con quien quieres compartir la vida y que camine a tu lado te hace feliz?

A mi se me ocurrían algunas soluciones de cómo podían haber hecho para seguir juntos y no tener  que renunciar a sus sueños. Pero es más importante ir por el camino fácil y acorde con la sociedad individualista y anti-amor en la que vivimos. En dónde lx mejor y lx más listx no deja que los lazos afectivos afecten de ningún modo a su vida: el éxito está asociado al individualismo y a lo solitario.

Esto es un ejemplo que me recordó a que para luchar contra el “darlo todo por amor” se pasa al extremo contrario. Y así pasa con todo. Cuando se quiere luchar contra la prohibición se obliga a la permisividad, y se obliga a hacer, a sentir, a desear: mastúrbate -si no eres un carca, aunque no te apetezca, tú hazlo para no ser un anticuado-, y así con un sinfín de cosas.

Vivimos en una sociedad en donde para luchar contra el camino difícil de antaño, coger el camino más fácil -aunque no sea lo que queramos- es lo correcto. Lo que muchas veces la mejor solución es un punto medio. Somos interdependientes unxs de otrxs, y poner cada unx de nuestra parte y buscar llegar a un punto medio es, muchas veces, la más completa solución.

¿Liberarse de los apegos?

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Llevo tiempo viendo imágenes del estilo de la de arriba en las redes sociales, básicamente animando a liberarse de todos nuestros apegos. Cuando somos pequeñxs nuestra figura de apego principal es la de lxs padres, la madre más a menudo. Cuando somos adultos y tenemos pareja (si la tenemos) esa figura de apego principal pasa a ser la pareja.

Aquí hablan de apegos, en plural, entiendo que se refieren a todas las personas (y cosas) que tienen un papel fundamental emocionalmente en nuestra vida. ¿Realmente saben lo que están diciendo animando a liberarse de los apegos? ¿Realmente eso lo dice una persona sin apegos? Es decir, sería una persona que no estuviese vinculada con amigxs, familia, pareja, hijxs, padres, abuelxs… una persona que estuviese y anduviese completamente sola por el mundo.

¿Realmente quienes dicen esto saben lo doloroso que puede ser no tener apegos? ¿No tener a nadie? Andar solo por el mundo sí, ¡y eres libre! ¡muy libre! Pero no tienes a nadie que te diga lo mucho que te quiere, a nadie para quien seas importante, a nadie con quien compartir felicidad ni tristeza (familia, amigxs etc.). Es bastante difícil tener a alguien y que emocionalmente no nos acabemos implicando, por eso digo que deberían estar solxs en el mundo sin importarle nadie.

Somos seres sociales, necesitamos de la relación de otras personas, el cariño y el apego para vivir. El apego da seguridad, ayuda a aliviar el dolor y multiplica las alegrías. Cuando esa(s) persona(s) se van se sufre, pero quizás lo que deberíamos es mirar de obtener estrategias para ese momento y no querer liberarnos de los apegos. Creo que quien dice eso no sabe realmente lo que sufre o podría sufrir una persona sin apegos. Generalmente en nuestro sofá, con nuestra pareja/familia/amigxs ahí para nosotrxs es muy fácil hablar de liberarse de todo.

Otra cosa es que un apego seguro sea lo idóneo y no un apego ansioso, desorganizado o evitativo.

Otra cosa es las dificultades emocionales que podamos tener o hayamos pasado y no sepamos gestionar como es debido nuestras emociones.

 

La diversidad también está en la cama (o donde sea)

Se nos llena la boca hablando de diversidad pero luego sigue habiendo reticencias a la hora de aceptar nuestras propias diversidades.

Aunque este tema es muy amplio hoy me voy a centrar en hablar de cómo (no) aceptamos la diversidad de nuestro propio cuerpo ni de nuestra manera de vivir nuestra erótica.

Con respecto a nuestro propio cuerpo no hay que decir mucho, pues es bien sabido ya que la sociedad capitalista en la que nos encontramos se encarga de hacer que no estemos contentos con nuestro cuerpo, en concreto las mujeres. Que si gorda, que si celulitis, que si tienes que tener una 38 aunque tu cuerpo sea de curvas, unas curvas preciosas y naturales que no cogen en tallas pequeñas. Si eres delgada, demasiado delgada te faltan curvas. Te tachan de gorda o de “anoréxica”, no hay término medio: seas como seas vas a acabar odiando tu cuerpo. Y depílate por favor para ser bella, y maquíllate -que no se te olvide- porque tú, al natural, siendo tú, no eres lo suficientemente guapa.

Para los hombres también hay: sé fuerte y masculino, tienes que durar, mantener la erección, ser el responsable del placer, correrte siempre.

Mientras presumimos de defender la diversidad estamos viendo constantemente entradas en las redes, en las revistas, cursos de un día… de cosas como: “pasos para ser unx buenx seductorx”, “cómo alcanzar el orgasmo de X manera” (manera que suele ser la minoritaria y la falo-hetero-céntrica), “cómo hacer perder la cabeza a tu chicx”, “cómo hacer buen sexo oral”, “cómo masturbar y que pierda la cabeza” y un largo etcétera.

Díganme ustedes: ¿Eso no es presuponer que a todxs nos gustan y  nos valen las mismas cosas? ¿eso no es ayudar a que las personas se frustren si no consiguen el orgasmo de X manera o si no consiguen ligar siguiendo esas instrucciones? Nosotrxs, como sujetos sexuados que somos, y por ello únicxs e intransferibles – y no sólo físicamente- si no en nuestros gustos, nuestros deseos, nuestra erótica y la forma de expresar y vivir esta… quizás deberíamos reclamar una buena comunicación – y si tenemos problemas con ella reclamar profesionales que nos ayuden a comunicarnos mejor- en nuestros encuentros eróticos y así poder saber qué quiere cada unx y cómo lo quiere. De esta forma, quizás nos ahorraríamos muchos “trucos para dejar sin aliento”.

A la hora de ligar, ser nosotrxs mismxs y echarle nuestra propia imaginación y soltura puede ser perfecto.

Quizás necesitemos más ayuda de profesionales para entendernos los sujetos sexuados que para “ser el amante ideal en la cama”.

Para no tomarse el sufrimiento psicológico a la ligera

Hace ya tiempo que me anda rondando por la cabeza la idea de escribir esta entrada, pero dada la delicadeza de la misma nunca me atrevía a ello. Hoy, estudiando para mi último examen de psicología, estresada, y pensando en todo lo que tengo que hacer para el máster de sexología en los próximos días me he decidido a hacerlo.

No hace mucho en una clase se habló de que es peor el maltrato físico que el psicológico, y sin menospreciar lo que los daños físicos pueden llegar a suponer, como es la misma muerte, y que cuando hay un maltrato físico también suele haberlo psicológico -y la dificultad por tanto de aislar este- y un largo etcétera, me quedé pensando en una frase que dijo mi profesor de psiquiatría cuando estudiaba enfermería: “un cáncer te mata, acaba con tu sufrimiento; una enfermedad mental no te mata pero tampoco te deja vivir”.

Yo dije, que a veces el sufrimiento psicológico puede ser peor que el físico -aun teniendo en cuenta las graves consecuencias que este puede traer consigo-.

Pero, ¿por qué esa falta de importancia con que se toma el sufrimiento psicológico? Las secuelas psicológicas de cualquier condición adversa para una persona pueden ser devastadoras. Por ejemplo: un apego ansioso en la niñez te lleva a que cuando eres adultx en las relaciones afectivas más íntimas -la(s) pareja(s)- es bien probable que establezcas un vínculo ansioso. Puedes ir a un psicólogx a que te ayude a buscar estrategias etc. pero es muy probable que no tengas un vínculo como lo tendría una persona que ha tenido un apego seguro -o por lo menos este va a costara mucho más-.

Los problemas de la vida que nos causan sufrimiento -y no precisamente físico- ¿no nos dejan acaso huella? ¿y esta no influye en como a partir de entonces vamos a relacionarnos con el mundo que nos rodea?

Las personas con ansiedad, depresión o que han sido víctimas de algún tipo de violencia…algunxs de lxs cuales te dicen que preferirían estar muertxs que vivir así… ¿eso de verdad lo veis tan “a la ligera”? Es obvio que hay que ayudar a esas personas a reducir su sufrimiento  y malestar, pero ¿siempre se puede?

Cuando hice mis prácticas de enfermería en el psiquiátrico estuve con “mujeres crónicas”, es decir, mujeres que estaban internadas allí ilimitádamente. He visto como algunas entraban en situaciones de auténtico pánico por aquello que escuchaban o creían ver. ¿De verdad creeis que es justo vivir así? ¿De verdad creeis que es facil ayudarles? ¿que “la pastilla mágica” siempre funciona? Porque yo misma me encargaba de darles su dosis de Risperdal -entre otros- que, por cierto, tenía que diluirle en la leche o machacar las pastillas y mezclarlas con la comida para que no se enterasen. Si se las tomaban enteras les  mandabas abrir la boca para verificar que se lo habían tragado y -por supuesto- estar delante de ellas desde que se lo dabas hasta que se lo tomaban para que no lo escondiesen en ningún lado. Aunque tengo que admitir que yo no creía que eso fuera a pasar, eran las veteranas las que me avisaban, y sí, pasaba. También era un problema cuando las pastillas cambiaban de formato, una vez que se había conseguido que se las tomaran sin problemas. Básicamente porque cuando cambiaban de formato “ya no eran las mismas”.

¿Por qué pasaba esto? porque creían que las querías envenenar o cosas así. Y eran mujeres “crónicas”, es decir, que estaban bastante estabilizadas; yo no estaba como algunxs compañerxs en “unidad de agudos” donde la gente ingresaba con una crisis aguda (delirios, alucinaciones…) por un tiempo corto y normalmente no estaban con medicación que lxs “estabilizase”. Es decir, el sufrimiento psicológico es duro, imposibilita muchas veces el poder hacer tu vida; véase por ejemplo también una persona que tiene que lavarse las manos X veces cada vez que toca algo, que tiene que limpiar el baño X veces… o que tiene que hacer un ritual para evitar que le pase algo malo a su familia (ritual que hace que llegue tarde al colegio, trabajo…) y que si no lo hace tiene una gran ansiedad. O las personas que no pueden dormir ni hacer su vida por la ansiedad que tienen por, por ejemplo, falta de estrategias para afrontar un determinado acontecimiento.

Claro que estos problemas se pueden mejorar con las ayudas oportunas pero ¿Se pueden combatir completamente? a veces no, y esas personas tienen que vivir con ello toda su vida. (Véase las mujeres ingresadas de las que os he hablado, que estaban todas tomando  medicación y tenían profesionales a su disposición).

Aquí no voy a entrar en sí se está haciendo lo correcto para aliviar el sufrimiento o “tratar” el problema (véase medicación vs terapia).

Otro ejemplo en el que yo he ahondado en mi TFG en enfermería: los pacientes terminales. Concretamente mi TFG fue una revisión bibliográfica exhaustiva sobre el sufrimiento que conlleva la muerte, y cómo la comunicación – tanto verbal como no verbal- puede ayudar a una muerte tranquila y sin sufrimiento. A llegar a la quinta etapa que Elisabeth Kübler Ross nos nombra en su libro “Sobre la muerte y los moribundos” -entre otros libros y documentos de la autora-: la etapa de aceptación.

Aceptación.

Véase “Sobre la muerte y los moribundos” (ELisabeth Kübler Ross, 1969)

Si un paciente ha tenido bastante tiempo (esto es, no una muerte repentina e inesperada) y se le ha ayudado a pasar por las fases antes descritas, llegará a una fase en la que su “destino” no le deprimirá ni le enojará. Habrá podido expresar sus sentimientos anteriores, su envidia a los que gozan de buena salud, su ira contra los que no tienen que enfrentarse con su fin tan pronto. Habrá llorado la pérdida inminente de tantas personas y de tantos lugares importantes para él, y contemplará su próximo fin con relativa tranquilidad. Estará cansado y, en la mayoría de los casos, bastante débil. Además, sentirá necesidad de dormitar o dormir a menudo y en breves intervalos, lo cual es diferente de la necesidad de dormir en épocas de depresión. Éste no es un sueño evasivo o un período de descanso para aliviar el dolor, las molestias o la desazón. Es una necesidad cada vez mayor de aumentar las horas de sueño muy similar a la del niño recién nacido pero a la inversa. No es un “abandono” resignado y desesperanzado, una sensación de “para qué sirve” o de “ya no puedo seguir luchando”, aunque también oímos afirmaciones como éstas. (Indican el principio del fin de la lucha, pero no son síntomas de aceptación.) No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Está casi desprovista de sentimientos. Es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado, y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”, como dijo un paciente. En esos momentos, generalmente, es la familia quien necesita más ayuda, comprensión y apoyo que el propio paciente.

El dolor físico se palia con morfina, pero ¿y el dolor emocional? ¿el dolor psicológico? el miedo a morir, a morir solx, a qué habrá “en el más allá” (para lxs que creen en él), el miedo a tener que pasar ese momento de la vida a la muerte solxs -porque nos podrán acompañar pero nadie va a morir con nosotrxs-. El sufrimiento por no haberse podido despedir de las personas (tanto por parte del enfermx como de los familiares y amigxs que van a perder a ese ser querido). Esa necesidad de dejar todo arreglado y cada cosa en su sitio, por ejemplo, para un padre de familia que deja una viuda y dos hijxs pequeñxs a su cargo, la necesidad de saber que estarán bien y podrán salir adelante y tendrán de todo lo que necesitan…

Cuando lx propio enfermx sabe que va a morir -porque aunque ustedes no se lo crean suelen saberlo aunque no se le diga- y tiene necesidad de hablar de sus miedos, de dejar resueltos los conflictos que hayan podido tener con algunx familiar o amigx… ese sufrimiento, tanto por parte de lx enfermx como de sus allegadxs implicadxs, ¿qué creéis que es más que sufrimiento psicológico, emocional…? Ya sin llegar a estos extremos la muerte de alguien ¿Qué es?

Y llegado a este punto quiero mencionar que en las investigaciones se reflejaba como personas jóvenes no creyentes, en los últimos momentos, cuando hay que aferrarse a algo -y el que no se va a morir no es precisamente algo a lo que poder aferrarse- creían en dios o algo similar.

¿Qué es este sufrimiento?

Y para acabar:

En las dolencias físicas (una persona encamada que no puede mover más que la cabeza, maltrato físico, parálisis de algún tipo…) ¿no hay también un gran sufrimiento psicológico? entonces, ¿por qué lo infravaloramos tanto? No nos mata pero ¿nos deja vivir?