Para no tomarse el sufrimiento psicológico a la ligera

Hace ya tiempo que me anda rondando por la cabeza la idea de escribir esta entrada, pero dada la delicadeza de la misma nunca me atrevía a ello. Hoy, estudiando para mi último examen de psicología, estresada, y pensando en todo lo que tengo que hacer para el máster de sexología en los próximos días me he decidido a hacerlo.

No hace mucho en una clase se habló de que es peor el maltrato físico que el psicológico, y sin menospreciar lo que los daños físicos pueden llegar a suponer, como es la misma muerte, y que cuando hay un maltrato físico también suele haberlo psicológico -y la dificultad por tanto de aislar este- y un largo etcétera, me quedé pensando en una frase que dijo mi profesor de psiquiatría cuando estudiaba enfermería: “un cáncer te mata, acaba con tu sufrimiento; una enfermedad mental no te mata pero tampoco te deja vivir”.

Yo dije, que a veces el sufrimiento psicológico puede ser peor que el físico -aun teniendo en cuenta las graves consecuencias que este puede traer consigo-.

Pero, ¿por qué esa falta de importancia con que se toma el sufrimiento psicológico? Las secuelas psicológicas de cualquier condición adversa para una persona pueden ser devastadoras. Por ejemplo: un apego ansioso en la niñez te lleva a que cuando eres adultx en las relaciones afectivas más íntimas -la(s) pareja(s)- es bien probable que establezcas un vínculo ansioso. Puedes ir a un psicólogx a que te ayude a buscar estrategias etc. pero es muy probable que no tengas un vínculo como lo tendría una persona que ha tenido un apego seguro -o por lo menos este va a costara mucho más-.

Los problemas de la vida que nos causan sufrimiento -y no precisamente físico- ¿no nos dejan acaso huella? ¿y esta no influye en como a partir de entonces vamos a relacionarnos con el mundo que nos rodea?

Las personas con ansiedad, depresión o que han sido víctimas de algún tipo de violencia…algunxs de lxs cuales te dicen que preferirían estar muertxs que vivir así… ¿eso de verdad lo veis tan “a la ligera”? Es obvio que hay que ayudar a esas personas a reducir su sufrimiento  y malestar, pero ¿siempre se puede?

Cuando hice mis prácticas de enfermería en el psiquiátrico estuve con “mujeres crónicas”, es decir, mujeres que estaban internadas allí ilimitádamente. He visto como algunas entraban en situaciones de auténtico pánico por aquello que escuchaban o creían ver. ¿De verdad creeis que es justo vivir así? ¿De verdad creeis que es facil ayudarles? ¿que “la pastilla mágica” siempre funciona? Porque yo misma me encargaba de darles su dosis de Risperdal -entre otros- que, por cierto, tenía que diluirle en la leche o machacar las pastillas y mezclarlas con la comida para que no se enterasen. Si se las tomaban enteras les  mandabas abrir la boca para verificar que se lo habían tragado y -por supuesto- estar delante de ellas desde que se lo dabas hasta que se lo tomaban para que no lo escondiesen en ningún lado. Aunque tengo que admitir que yo no creía que eso fuera a pasar, eran las veteranas las que me avisaban, y sí, pasaba. También era un problema cuando las pastillas cambiaban de formato, una vez que se había conseguido que se las tomaran sin problemas. Básicamente porque cuando cambiaban de formato “ya no eran las mismas”.

¿Por qué pasaba esto? porque creían que las querías envenenar o cosas así. Y eran mujeres “crónicas”, es decir, que estaban bastante estabilizadas; yo no estaba como algunxs compañerxs en “unidad de agudos” donde la gente ingresaba con una crisis aguda (delirios, alucinaciones…) por un tiempo corto y normalmente no estaban con medicación que lxs “estabilizase”. Es decir, el sufrimiento psicológico es duro, imposibilita muchas veces el poder hacer tu vida; véase por ejemplo también una persona que tiene que lavarse las manos X veces cada vez que toca algo, que tiene que limpiar el baño X veces… o que tiene que hacer un ritual para evitar que le pase algo malo a su familia (ritual que hace que llegue tarde al colegio, trabajo…) y que si no lo hace tiene una gran ansiedad. O las personas que no pueden dormir ni hacer su vida por la ansiedad que tienen por, por ejemplo, falta de estrategias para afrontar un determinado acontecimiento.

Claro que estos problemas se pueden mejorar con las ayudas oportunas pero ¿Se pueden combatir completamente? a veces no, y esas personas tienen que vivir con ello toda su vida. (Véase las mujeres ingresadas de las que os he hablado, que estaban todas tomando  medicación y tenían profesionales a su disposición).

Aquí no voy a entrar en sí se está haciendo lo correcto para aliviar el sufrimiento o “tratar” el problema (véase medicación vs terapia).

Otro ejemplo en el que yo he ahondado en mi TFG en enfermería: los pacientes terminales. Concretamente mi TFG fue una revisión bibliográfica exhaustiva sobre el sufrimiento que conlleva la muerte, y cómo la comunicación – tanto verbal como no verbal- puede ayudar a una muerte tranquila y sin sufrimiento. A llegar a la quinta etapa que Elisabeth Kübler Ross nos nombra en su libro “Sobre la muerte y los moribundos” -entre otros libros y documentos de la autora-: la etapa de aceptación.

Aceptación.

Véase “Sobre la muerte y los moribundos” (ELisabeth Kübler Ross, 1969)

Si un paciente ha tenido bastante tiempo (esto es, no una muerte repentina e inesperada) y se le ha ayudado a pasar por las fases antes descritas, llegará a una fase en la que su “destino” no le deprimirá ni le enojará. Habrá podido expresar sus sentimientos anteriores, su envidia a los que gozan de buena salud, su ira contra los que no tienen que enfrentarse con su fin tan pronto. Habrá llorado la pérdida inminente de tantas personas y de tantos lugares importantes para él, y contemplará su próximo fin con relativa tranquilidad. Estará cansado y, en la mayoría de los casos, bastante débil. Además, sentirá necesidad de dormitar o dormir a menudo y en breves intervalos, lo cual es diferente de la necesidad de dormir en épocas de depresión. Éste no es un sueño evasivo o un período de descanso para aliviar el dolor, las molestias o la desazón. Es una necesidad cada vez mayor de aumentar las horas de sueño muy similar a la del niño recién nacido pero a la inversa. No es un “abandono” resignado y desesperanzado, una sensación de “para qué sirve” o de “ya no puedo seguir luchando”, aunque también oímos afirmaciones como éstas. (Indican el principio del fin de la lucha, pero no son síntomas de aceptación.) No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Está casi desprovista de sentimientos. Es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado, y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”, como dijo un paciente. En esos momentos, generalmente, es la familia quien necesita más ayuda, comprensión y apoyo que el propio paciente.

El dolor físico se palia con morfina, pero ¿y el dolor emocional? ¿el dolor psicológico? el miedo a morir, a morir solx, a qué habrá “en el más allá” (para lxs que creen en él), el miedo a tener que pasar ese momento de la vida a la muerte solxs -porque nos podrán acompañar pero nadie va a morir con nosotrxs-. El sufrimiento por no haberse podido despedir de las personas (tanto por parte del enfermx como de los familiares y amigxs que van a perder a ese ser querido). Esa necesidad de dejar todo arreglado y cada cosa en su sitio, por ejemplo, para un padre de familia que deja una viuda y dos hijxs pequeñxs a su cargo, la necesidad de saber que estarán bien y podrán salir adelante y tendrán de todo lo que necesitan…

Cuando lx propio enfermx sabe que va a morir -porque aunque ustedes no se lo crean suelen saberlo aunque no se le diga- y tiene necesidad de hablar de sus miedos, de dejar resueltos los conflictos que hayan podido tener con algunx familiar o amigx… ese sufrimiento, tanto por parte de lx enfermx como de sus allegadxs implicadxs, ¿qué creéis que es más que sufrimiento psicológico, emocional…? Ya sin llegar a estos extremos la muerte de alguien ¿Qué es?

Y llegado a este punto quiero mencionar que en las investigaciones se reflejaba como personas jóvenes no creyentes, en los últimos momentos, cuando hay que aferrarse a algo -y el que no se va a morir no es precisamente algo a lo que poder aferrarse- creían en dios o algo similar.

¿Qué es este sufrimiento?

Y para acabar:

En las dolencias físicas (una persona encamada que no puede mover más que la cabeza, maltrato físico, parálisis de algún tipo…) ¿no hay también un gran sufrimiento psicológico? entonces, ¿por qué lo infravaloramos tanto? No nos mata pero ¿nos deja vivir?

 

 

2 comentarios en “Para no tomarse el sufrimiento psicológico a la ligera

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