¿Cómo cambian nuestros genitales con la edad? ¿Cómo nos afecta eso?

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Con la edad se producen cambios en nuestros genitales, en gran parte por los cambios hormonales; conocerlos (conocernos) ayudará a poder vivir nuestra sexualidad – cómo te vives como el hombre o la mujer que eres-, nuestra erótica y nuestra amatoria mejor y sin frustraciones.

Aquí no dividiremos en “aparato genital femenino y masculino”, partiendo de la intersexualidad preferimos dejar que cada cual se identifique con lo que corresponda:

Uno de los cambios que más puede afectar a la vida de la persona son los cambios en las paredes vaginales: estas se vuelven menos elásticas, menos arrugadas y más delgadas. Esto tendrá claros efectos a la hora, por ejemplo, de la penetración, ya que la vagina será menos amoldable y flexible a el pene (u otro objeto).

La vagina se vuelve más pequeña, disminuye el tejido genital externo (atrofia de los labios de la vulva) y las secreciones se vuelven escasas y acuosas, lo que se traduce en falta de lubricación.

La flora vaginal cambia, lo que puede aumentar el riesgo de infecciones vaginales por levaduras y se pierde tono de los músculos púbicos.

Los ovarios dejan de liberar óvulos y los períodos menstruales cesan, esto es lo que se conoce como menopausia.

En el caso de los testículos, la masa tisular (de los tejidos) disminuye. El número de esperma producido por los testículos es menor aunque el volumen de semen eyaculado puede seguir siendo el mismo.

Los conductos que transportan el esperma se pueden volver menos elásticos.

La próstata se agranda con la edad y algo de su tejido es reemplazado por tejido fibrótico (similar a “una cicatriz). Además, en el caso de que tenga que ser extirpada por diversos problemas, como la función de esta no está estrechamente relacionada con la fertilidad, podrá seguir engendrando aun cuando esta haya sido extirpada, ya que la próstata se encarga de producir el líquido seminal que protege y nutre a los espermatozoides.

Las erecciones tardan más tiempo en producirse e igual se producen en menor número, pero éstas pueden durar más, más que cuando se es joven.

Después de haber leído todo esto parece que no nos augura un buen futuro y que todo son problemas, pero no siempre esto tiene que ser así:

El hecho de tener la menopausia permitirá que en nuestras relaciones eróticas con penetración no tengamos que andar pendientes de embarazos no deseados, por ejemplo. La falta de lubricación vaginal se puede favorecer con algún lubricante. Que predomine la lentitud es un buen momento para tomarse las cosas con calma y pararse en aquellos detalles que antes no lo hacíamos.

Además no hay que olvidar que relación erótica, la amatoria con tu pareja (u otra persona), no es sinónimo de penetración vaginal. El coito es la norma, “lo que deberíamos hacer” pero, si nos preguntamos qué es lo que deseamos realmente en ese momento, muchísimas veces la penetración no es una de ellas, no en muchos momentos.

Por lo tanto, la vejez también será una gran oportunidad para vivir y re-experimentar nuestras relaciones eróticas y nuestra amatoria, y aunque parezca increíble, puede que nos llevemos una sorpresa y que estas sean incluso más satisfactorias que las que se tenían cuando se era una persona joven y veloz.

Los pequeños detalles son lo que verdaderamente marcan la diferencia, y durante la juventud es muy probable que no nos paremos en esos pequeños detalles, corremos tanto que no los vemos.

Además no hay que olvidar que cuanto más años pasan mejor nos conocemos, mejor sabemos lo que queremos, mejor conocemos a nuestra pareja (si se tiene) y esta nos conoce mejor también. Tenemos más experiencia y seguramente esta nos haya enseñado a comunicarnos mejora saber pedir lo que queremos y hacerlo de una forma más asertiva. Tenemos más experiencia de vida y eso se va a ver reflejado en nuestra vivencia tanto de la sexualidad -como nos vivimos como los hombres y mujeres que somos- y en nuestra erótica y amatoria.

La sociedad capitalista de hoy día, es veloz, impulsiva, consumista, va al son de los jóvenes -o al menos de una mayoría- pero se olvida de los más mayores, los cuales tienen mucho que aportar, empezando por su sabiduría y las habilidades y conocimientos que la propia experiencia les ha hecho adquirir.

¿Quién va a saber resolver un conflicto o una situación difícil mejor? ¿quién va a tener en cuenta mejor todas las variables que van a influir en él? ¿quién tiene más experiencia para ver estas variables y saber mejor que es lo que puede pasar? Con nuestra sexualidad, nuestra erótica y nuestra amatoria pasa lo mismo.

 

 

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Relaciones de pareja en la vejez

Hay quien dijo que la jubilación era buen momento para divorciarse si no se estaba a gusto con la pareja. Es verdad que muchas veces cuando una persona mayor se quiere divorciar o separar se le dice “a estas alturas ¿para qué?, “si llevas toda la vida con esa persona”; se toma a broma o se piensa que esa persona está loca, como si ya apenas le quedase vida que vivir. Pues bien, las personas mayores tienen todo el derecho del mundo a hacer o deshacer su vida como crean conveniente. Si no están a gusto con quién están, nunca es tarde para rehacer la vida. Los años que le quedan de vida a esa persona le pertenecen y puede vivirlos como quiera.

Por otra parte, la jubilación es un momento ideal para reinventar la relación que tienes con tu pareja. Después de una vida marcada por el trabajo -y puede que por la crianza- es momento de vivirse, quererse, aceptarse, disfrutarse, en solitario y en pareja (o parejas), donde las obligaciones laborales y de crianza están ausentes. Hay tiempo para vivir la relación, disfrutar de ella y reinventarse en ella, como ser y como pareja.

Es momento de seguir con la rutina diaria con la que la persona o la pareja se siente cómoda, o es momento de dar una patada en el suelo y hacer un cambio radical, hacer aquello que siempre se quiso hacer pero no se podía, o irse a vivir a aquel lugar alejado en donde el trabajo y otras obligaciones no dejaban ir.

A menudo, empezando por las instituciones que se encargan del cuidado de las personas mayores, se les infantiliza, desde no dejar que dos personas duerman juntas en una residencia hasta avisar a sus descendientes si establecen algún tipo de relación más íntima con otra persona residente. No debemos olvidar que son personas que toda su vida han estado tomando decisiones por sí mismas, e incluso decisiones por personas a su cargo, son personas adultas dueñas de su propia vida.

Parece que nos preocupa mucho dar más años de vida y nos olvidamos de dar más vida a los años.

 

Que los “debería ser así” no nos impidan vivir(nos) como queramos

Es habitual encontrar publicaciones en donde te dicen “mastúrbarse ayuda a conocer nuestro propio cuerpo”, “los orgasmos tienen tales beneficios”… en donde te dicen qué debes hacer. Muchas veces este discurso viene para intentar combatir el prohibicionismo, pero deberíamos saber que la prescripción puede ser tan mala o incluso peor que el prohibicionismo. La prescripción tiene un componente de evitación, basta que te digan que tienes que hacer algo para que no lo quieras hacer. ¿Cuántas veces nos han mandado hacer una cosa y solo el hecho de que nos la hayan mandado ya hace que el deseo de hacerla huya?

Cuándo prescribimos estamos diciendo lo que debería ser, y puede llevar a muchos problemas. Uno de los problemas más de moda es “la falta de deseo” ¿falta de deseo de qué?, puedes no desear la penetración pero sí la compañía, caricias, besos… y un largo etcétera. Puedes no desear masturbarte, por una y mil razones, y otras personas querer hacerlo muy a menudo. ¿En dónde está el problema? El único problema es cuándo se medicaliza la falta o el exceso de deseo. Muchas veces la forma en qué nos relacionamos con la(s) persona(s) es lo que nos está causando algún tipo de dificultad en dicha relación, y esta dificultad puede venir por lo que debería sercómo debería ser.

La diversidad es lo normal, la variabilidad es lo normal, e intentar meter a todo el mundo en “La campana de Gauss” solo nos enseña que lo que creíamos que estaba bajo dicha campana, “lo normal” no es ni tan siquiera lo mayoritario.

La conspiración de silencio con personas mayores

Cuando una persona mayor tiene una enfermedad grave, los familiares algunas veces quieren escondérselo, hay muchas razones, una de ellas suele ser para que no sufra y viva tranquilx lo que le queda de vida.

Para empezar, una persona mayor -dejemos de lado de momento los casos en los que hay una incapacitación legal- es una persona adulta y no unx niñx: esto quiere decir que es una persona que toda su vida a tomado decisiones sobre sí mismx y sobre su vida, es una persona capaz. Lxs médicxs (o cualquier otrx profesional) debería darle la información a la persona mayor y preguntar si esta quiere que estén los familiares delante. Lo que suele pasar – o pasa siempre más bien- es que la información se le da a la familia. Un ejemplo muy claro es cuando una persona mayor está en un hospital ingresada: entra lx médicx y pasa visita con la persona que esté allí de acompañante, y luego se va al pasillo y le dice a la familia cómo va esa persona. Aunque mientras que pasa visita mande a la persona que está allí salir, al finalizar en el pasillo le dará esa información igualmente. Esto está mal, aunque se haga está mal, lx médicx debería dar la información a la persona mayor y no a la familia, a no ser que esta de permiso. Además, la información luego no se la cuenta a la persona mayor – algunas veces sí, pero pocas- y queda en manos de la familia decirlo o no; o si la familia le pide por favor que no se lo diga no se hace.

Primero, la persona que está sufriendo algúna enfermedad -o lo que sea- suele ser la primera en darse cuenta de que algo va mal (al igual que pasa con las personas que van a morir que suelen saberlo aunque se les niegue tal información). Además, no es muy tranquilizador ver a lx médicx hablando en el pasillo a escondidas de unx.

Se da lo que se conoce como conspiración de silencio que no es más que todas aquellas estrategias, esfuerzos de pacientes, familia y/o sanitarios destinados a evitar que alguna de las partes involucradas conozcan no sólo el diagnóstico y/o pronóstico de la enfermedad, también las emociones, las dificultades o el propio malestar que les atenaza. También se puede definir como una alteración de la información con el acuerdo implícito o explícito de negar la situación del enfermo al propio enfermo (Arranz, Barbero, Barreto y Bayés).

Muchas veces pueden venir lxs familiares pidiéndonos – a lxs psicólogxs u otrxs profesionales- que mantengamos esa conspiración. Hay varias razones – de las que solo expodré algunas- que se le pueden -deben- exponer a los familiares por las que no podría ser así. (Y que también valen para las personas con enfermedades terminales):

La primera es que existe una Ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en Materia de Información y Documentación Clínica en dónde, ya solo por Ley, estamos obligadxs a no ocultarle esa información a la persona/paciente.

La segunda sería que si la persona se entera de su diganóstico, y de la ocultación de este por parte de sus familiares, no lo verían como un acto de buena fe “ay que agradecidx estoy por haberme mentido sobre mi futuro”, lo más probable es que la persona mayor lo viera como una traición por parte de esxs familiares -por muy bienintencionado que sea-. Para comprender esto, ponerse en el lugar de la persona e imaginar cómo nos sentaría que nuestras personas más queridas y en quien confiamos nos oculten algo tan grande de NUESTRA vida. Porque al final es eso, es SU VIDA y no tenemos derecho a decidir sobre la vida de otra persona -dejemos fuera las incapacitaciones legales, enfermedades como el Alzheimer, avanzadas etc-.

Como tercera razón voy a nombrar esa de que la persona tiene todo el derecho del mundo de planificar su vida sabiendo lo que tiene. Si tiene una enfermedad terminal como el cáncer, una enfermedad como el Alzheimer que le va a robar por completo su identidad… tiene todo el derecho a decidir qué quiere que se haga cuando ya no pueda por sí mismx hacer ni decidir nada: decidir sobre sus últimos días -dónde los quiere pasar, cómo serán sus últimos cuidados…-, dentro de lo que la situación económica o de lxs cuidadorxs lo permita, arreglar el testamento… cosas como si quiere donar órganos o incluso donar esa parte de su cuerpo que tiene el cáncer, el cerebro en el Alzheimer etc… para investigación. Esto último puede parecer muy atroz, pero hay personas que ya que tienen la enfermedad, saber que pueden ayudar a otrxs ya que ellxs no van a poder hacer nada, puede serles útil.

Podría seguir enumerando razones, pero la base de todas ellas es que esa persona mayor que creemos que ha vuelto a ser unx niñx, que tenemos que proteger y que, por ser mayor y cuidar de ella, tenemos derecho, poder y posesión sobre su vida, no es así. Es una persona diferente a nosotrxs dueña de su propia vida.

Por tanto, una solución que se le puede dar a esxs familiares -que enfrentarse no lleva a nada- es explicar las diversas razones, darles X tiempo para que se lo digan ellxs mismxs y luego nosotrxs ayudamos a manejar la situación si es necesario. Hacerles entender que si la persona pregunta, que muchas veces preguntan, no les podemos mentir, ya por la Ley citada anteriormente. Y, si lx médicx no se lo ha dicho, siempre es mejor que se enteren por ellxs que por nosotrxs.

Además puede enterarse de formas muy diversas, y, lo que suele ocurrir es que aunque no se le diga nada ellxs mismxs son quienes primero saben que algo va mal.

¿Y qué pasa cuando hay esta conspiración de silencio y ellxs lo saben y quieren hablar de su enfermedad?

Muchas veces las personas saben que algo va mal, que se lo están ocultando, y quieren y necesitan hablar de ello pero no pueden porque las personas que les rodean hacen como que no pasa nada y que todo va a salir bien. Esto es, desde luego, fuente de sufrimiento para la persona, que necesita hablar, desahogarse, o simplemente despedirse de la gente antes de que llegue la muerte o la pérdida de identidad. Puede querer organizar las últimas cosas (testamento etc.).

Aun así, repito que esta situación no debería de darse porque lx médicx debería contárselo a la persona y no a la familia. Pero, mientras eso no cambie, sí podemos aprender nosotrxs como profesionales a manejar mejor la situación -que nos viene ya dada- y educar a las familias porque, muchas veces, es solo falta de educación e información por lo que las familias quieren ocultarselo a la persona, porque creen que así les evitan sufrimiento, cuando suele ser todo lo contrario.

¿Qué pasa cuando las personas no quieren saberlo?

Por lo menos en el caso de tener un cáncer, hay personas que no quieren saber cuán cerca de la muerte están o si tienen o no un cáncer. Se debe respetar esta decisión, por supuesto, y hay indicadores no verbales que nos dirán hasta que punto quiere saber la persona -porque puede querer saber, pero no todo-.

En el caso de enfermedades, como el Alzheimer, en donde la persona tenga que tomar decisiones sobre sus cuidados… para cuando ya no puedan hacerlo, creo que se debe trabajar cada caso en particular: a veces no querer saberlo es por miedo, o por falta de información de lo que la enfermedad supone… habría que saber por qué no quiere saberlo, y hacerle ver que si cambia de opinion estaremos ahí para cuándo quiera hablar. A veces la gente lo que necesita es tiempo, tiempo para armarse de valor, porque cuando haces una pregunta te arriesgas a una respuesta.