Sexología: trabajar con las actitudes

bien-mal

Las actitudes que tomamos hacia las cosas pueden resumirse en tres tipos:

Las actitudes normativas son aquellas que dicen lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal y lo que no lo es. Podemos dividirlas en prohibitivas y permisivas.

Las combativas son aquellas que, además de decir lo que está bien y lo que está mal, pretender lograr un cambio, luchar contra ello. Podemos dividirlas en actitudes de lucha y de defensa.

Ambas se encuentran en la polaridad: permisividad – prohibicionismo; defensa – ataque; son referentes externos (ajenos) al sujeto; y  prescriben, proscriben y describenGeneralmente estas dos se pueden encontrar detrás de los juicios y las discriminaciones. 

Por otro lado están las actitudes de cultivo y empatía (comprensividad), que son desde las que nos posicionamos lxs profesionalxs de la sexología (o al menos son ellas las que forman parte de nuestro marco de trabajo). Al contrario que las anteriores son referentes internos al sujeto y solo describen (no proscriben ni prescriben). Que sean referentes internos implica que nunca van a ser propositivas, nunca va a haber un debe. 

Estas últimas actitudes entienden que cada persona se sexua de forma única. La sexuación es un “proceso biográfico —y no sólo biológico— a través del cual los factores o elementos sexuantes configuran al sujeto como tal sujeto sexuado con sus modos, matices y peculiaridades, es decir en la complejidad de su individuación propia a través de todos los rasgos o elementos sexuantes que, de muy diversa forma, participan en él”. (Efigenio Amezúa). 

 

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La diversidad también está en la cama (o donde sea)

Se nos llena la boca hablando de diversidad pero luego sigue habiendo reticencias a la hora de aceptar nuestras propias diversidades.

Aunque este tema es muy amplio hoy me voy a centrar en hablar de cómo (no) aceptamos la diversidad de nuestro propio cuerpo ni de nuestra manera de vivir nuestra erótica.

Con respecto a nuestro propio cuerpo no hay que decir mucho, pues es bien sabido ya que la sociedad capitalista en la que nos encontramos se encarga de hacer que no estemos contentos con nuestro cuerpo, en concreto las mujeres. Que si gorda, que si celulitis, que si tienes que tener una 38 aunque tu cuerpo sea de curvas, unas curvas preciosas y naturales que no cogen en tallas pequeñas. Si eres delgada, demasiado delgada te faltan curvas. Te tachan de gorda o de “anoréxica”, no hay término medio: seas como seas vas a acabar odiando tu cuerpo. Y depílate por favor para ser bella, y maquíllate -que no se te olvide- porque tú, al natural, siendo tú, no eres lo suficientemente guapa.

Para los hombres también hay: sé fuerte y masculino, tienes que durar, mantener la erección, ser el responsable del placer, correrte siempre.

Mientras presumimos de defender la diversidad estamos viendo constantemente entradas en las redes, en las revistas, cursos de un día… de cosas como: “pasos para ser unx buenx seductorx”, “cómo alcanzar el orgasmo de X manera” (manera que suele ser la minoritaria y la falo-hetero-céntrica), “cómo hacer perder la cabeza a tu chicx”, “cómo hacer buen sexo oral”, “cómo masturbar y que pierda la cabeza” y un largo etcétera.

Díganme ustedes: ¿Eso no es presuponer que a todxs nos gustan y  nos valen las mismas cosas? ¿eso no es ayudar a que las personas se frustren si no consiguen el orgasmo de X manera o si no consiguen ligar siguiendo esas instrucciones? Nosotrxs, como sujetos sexuados que somos, y por ello únicxs e intransferibles – y no sólo físicamente- si no en nuestros gustos, nuestros deseos, nuestra erótica y la forma de expresar y vivir esta… quizás deberíamos reclamar una buena comunicación – y si tenemos problemas con ella reclamar profesionales que nos ayuden a comunicarnos mejor- en nuestros encuentros eróticos y así poder saber qué quiere cada unx y cómo lo quiere. De esta forma, quizás nos ahorraríamos muchos “trucos para dejar sin aliento”.

A la hora de ligar, ser nosotrxs mismxs y echarle nuestra propia imaginación y soltura puede ser perfecto.

Quizás necesitemos más ayuda de profesionales para entendernos los sujetos sexuados que para “ser el amante ideal en la cama”.