La conspiración de silencio con personas mayores

Cuando una persona mayor tiene una enfermedad grave, los familiares algunas veces quieren escondérselo, hay muchas razones, una de ellas suele ser para que no sufra y viva tranquilx lo que le queda de vida.

Para empezar, una persona mayor -dejemos de lado de momento los casos en los que hay una incapacitación legal- es una persona adulta y no unx niñx: esto quiere decir que es una persona que toda su vida a tomado decisiones sobre sí mismx y sobre su vida, es una persona capaz. Lxs médicxs (o cualquier otrx profesional) debería darle la información a la persona mayor y preguntar si esta quiere que estén los familiares delante. Lo que suele pasar – o pasa siempre más bien- es que la información se le da a la familia. Un ejemplo muy claro es cuando una persona mayor está en un hospital ingresada: entra lx médicx y pasa visita con la persona que esté allí de acompañante, y luego se va al pasillo y le dice a la familia cómo va esa persona. Aunque mientras que pasa visita mande a la persona que está allí salir, al finalizar en el pasillo le dará esa información igualmente. Esto está mal, aunque se haga está mal, lx médicx debería dar la información a la persona mayor y no a la familia, a no ser que esta de permiso. Además, la información luego no se la cuenta a la persona mayor – algunas veces sí, pero pocas- y queda en manos de la familia decirlo o no; o si la familia le pide por favor que no se lo diga no se hace.

Primero, la persona que está sufriendo algúna enfermedad -o lo que sea- suele ser la primera en darse cuenta de que algo va mal (al igual que pasa con las personas que van a morir que suelen saberlo aunque se les niegue tal información). Además, no es muy tranquilizador ver a lx médicx hablando en el pasillo a escondidas de unx.

Se da lo que se conoce como conspiración de silencio que no es más que todas aquellas estrategias, esfuerzos de pacientes, familia y/o sanitarios destinados a evitar que alguna de las partes involucradas conozcan no sólo el diagnóstico y/o pronóstico de la enfermedad, también las emociones, las dificultades o el propio malestar que les atenaza. También se puede definir como una alteración de la información con el acuerdo implícito o explícito de negar la situación del enfermo al propio enfermo (Arranz, Barbero, Barreto y Bayés).

Muchas veces pueden venir lxs familiares pidiéndonos – a lxs psicólogxs u otrxs profesionales- que mantengamos esa conspiración. Hay varias razones – de las que solo expodré algunas- que se le pueden -deben- exponer a los familiares por las que no podría ser así. (Y que también valen para las personas con enfermedades terminales):

La primera es que existe una Ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en Materia de Información y Documentación Clínica en dónde, ya solo por Ley, estamos obligadxs a no ocultarle esa información a la persona/paciente.

La segunda sería que si la persona se entera de su diganóstico, y de la ocultación de este por parte de sus familiares, no lo verían como un acto de buena fe “ay que agradecidx estoy por haberme mentido sobre mi futuro”, lo más probable es que la persona mayor lo viera como una traición por parte de esxs familiares -por muy bienintencionado que sea-. Para comprender esto, ponerse en el lugar de la persona e imaginar cómo nos sentaría que nuestras personas más queridas y en quien confiamos nos oculten algo tan grande de NUESTRA vida. Porque al final es eso, es SU VIDA y no tenemos derecho a decidir sobre la vida de otra persona -dejemos fuera las incapacitaciones legales, enfermedades como el Alzheimer, avanzadas etc-.

Como tercera razón voy a nombrar esa de que la persona tiene todo el derecho del mundo de planificar su vida sabiendo lo que tiene. Si tiene una enfermedad terminal como el cáncer, una enfermedad como el Alzheimer que le va a robar por completo su identidad… tiene todo el derecho a decidir qué quiere que se haga cuando ya no pueda por sí mismx hacer ni decidir nada: decidir sobre sus últimos días -dónde los quiere pasar, cómo serán sus últimos cuidados…-, dentro de lo que la situación económica o de lxs cuidadorxs lo permita, arreglar el testamento… cosas como si quiere donar órganos o incluso donar esa parte de su cuerpo que tiene el cáncer, el cerebro en el Alzheimer etc… para investigación. Esto último puede parecer muy atroz, pero hay personas que ya que tienen la enfermedad, saber que pueden ayudar a otrxs ya que ellxs no van a poder hacer nada, puede serles útil.

Podría seguir enumerando razones, pero la base de todas ellas es que esa persona mayor que creemos que ha vuelto a ser unx niñx, que tenemos que proteger y que, por ser mayor y cuidar de ella, tenemos derecho, poder y posesión sobre su vida, no es así. Es una persona diferente a nosotrxs dueña de su propia vida.

Por tanto, una solución que se le puede dar a esxs familiares -que enfrentarse no lleva a nada- es explicar las diversas razones, darles X tiempo para que se lo digan ellxs mismxs y luego nosotrxs ayudamos a manejar la situación si es necesario. Hacerles entender que si la persona pregunta, que muchas veces preguntan, no les podemos mentir, ya por la Ley citada anteriormente. Y, si lx médicx no se lo ha dicho, siempre es mejor que se enteren por ellxs que por nosotrxs.

Además puede enterarse de formas muy diversas, y, lo que suele ocurrir es que aunque no se le diga nada ellxs mismxs son quienes primero saben que algo va mal.

¿Y qué pasa cuando hay esta conspiración de silencio y ellxs lo saben y quieren hablar de su enfermedad?

Muchas veces las personas saben que algo va mal, que se lo están ocultando, y quieren y necesitan hablar de ello pero no pueden porque las personas que les rodean hacen como que no pasa nada y que todo va a salir bien. Esto es, desde luego, fuente de sufrimiento para la persona, que necesita hablar, desahogarse, o simplemente despedirse de la gente antes de que llegue la muerte o la pérdida de identidad. Puede querer organizar las últimas cosas (testamento etc.).

Aun así, repito que esta situación no debería de darse porque lx médicx debería contárselo a la persona y no a la familia. Pero, mientras eso no cambie, sí podemos aprender nosotrxs como profesionales a manejar mejor la situación -que nos viene ya dada- y educar a las familias porque, muchas veces, es solo falta de educación e información por lo que las familias quieren ocultarselo a la persona, porque creen que así les evitan sufrimiento, cuando suele ser todo lo contrario.

¿Qué pasa cuando las personas no quieren saberlo?

Por lo menos en el caso de tener un cáncer, hay personas que no quieren saber cuán cerca de la muerte están o si tienen o no un cáncer. Se debe respetar esta decisión, por supuesto, y hay indicadores no verbales que nos dirán hasta que punto quiere saber la persona -porque puede querer saber, pero no todo-.

En el caso de enfermedades, como el Alzheimer, en donde la persona tenga que tomar decisiones sobre sus cuidados… para cuando ya no puedan hacerlo, creo que se debe trabajar cada caso en particular: a veces no querer saberlo es por miedo, o por falta de información de lo que la enfermedad supone… habría que saber por qué no quiere saberlo, y hacerle ver que si cambia de opinion estaremos ahí para cuándo quiera hablar. A veces la gente lo que necesita es tiempo, tiempo para armarse de valor, porque cuando haces una pregunta te arriesgas a una respuesta.

 

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Del “darlo todo por amor” al dejar los lazos afectivos completamente de lado.

Hace unas semanas fui a ver la película de “La la land” ya que tan buenas críticas tenía:

(Si no has visto la película no sigas leyendo: Spoilers)

Me pareció bastante triste el final y  me enfadó un poco la idea que dan de que para conseguir el éxito debes dejar todo de lado, debes dejar los vínculos afectivos de lado, debes dejar el amor de lado. Luego, al final de la película se les ve que han conseguido lo que querían pero ¿realmente son felices? la cámara hace unos primeros planos de ambos que se ve que se siguen queriendo. Pero es más importante dejar el amor de lado, dejar los lazos afectivos de cualquier tipo de lado para conseguir lo que querías ser/tener en esta vida.

Al igual que dejarlo todo por amor puede llevarte a plantearte si es esa vida la que querías, ¿dejar el amor de lado para conseguir eso que querías y no tener con quien compartirlo o no con quien tú querías compartirlo, con quien quieres compartir la vida y que camine a tu lado te hace feliz?

A mi se me ocurrían algunas soluciones de cómo podían haber hecho para seguir juntos y no tener  que renunciar a sus sueños. Pero es más importante ir por el camino fácil y acorde con la sociedad individualista y anti-amor en la que vivimos. En dónde lx mejor y lx más listx no deja que los lazos afectivos afecten de ningún modo a su vida: el éxito está asociado al individualismo y a lo solitario.

Esto es un ejemplo que me recordó a que para luchar contra el “darlo todo por amor” se pasa al extremo contrario. Y así pasa con todo. Cuando se quiere luchar contra la prohibición se obliga a la permisividad, y se obliga a hacer, a sentir, a desear: mastúrbate -si no eres un carca, aunque no te apetezca, tú hazlo para no ser un anticuado-, y así con un sinfín de cosas.

Vivimos en una sociedad en donde para luchar contra el camino difícil de antaño, coger el camino más fácil -aunque no sea lo que queramos- es lo correcto. Lo que muchas veces la mejor solución es un punto medio. Somos interdependientes unxs de otrxs, y poner cada unx de nuestra parte y buscar llegar a un punto medio es, muchas veces, la más completa solución.

Para no tomarse el sufrimiento psicológico a la ligera

Hace ya tiempo que me anda rondando por la cabeza la idea de escribir esta entrada, pero dada la delicadeza de la misma nunca me atrevía a ello. Hoy, estudiando para mi último examen de psicología, estresada, y pensando en todo lo que tengo que hacer para el máster de sexología en los próximos días me he decidido a hacerlo.

No hace mucho en una clase se habló de que es peor el maltrato físico que el psicológico, y sin menospreciar lo que los daños físicos pueden llegar a suponer, como es la misma muerte, y que cuando hay un maltrato físico también suele haberlo psicológico -y la dificultad por tanto de aislar este- y un largo etcétera, me quedé pensando en una frase que dijo mi profesor de psiquiatría cuando estudiaba enfermería: “un cáncer te mata, acaba con tu sufrimiento; una enfermedad mental no te mata pero tampoco te deja vivir”.

Yo dije, que a veces el sufrimiento psicológico puede ser peor que el físico -aun teniendo en cuenta las graves consecuencias que este puede traer consigo-.

Pero, ¿por qué esa falta de importancia con que se toma el sufrimiento psicológico? Las secuelas psicológicas de cualquier condición adversa para una persona pueden ser devastadoras. Por ejemplo: un apego ansioso en la niñez te lleva a que cuando eres adultx en las relaciones afectivas más íntimas -la(s) pareja(s)- es bien probable que establezcas un vínculo ansioso. Puedes ir a un psicólogx a que te ayude a buscar estrategias etc. pero es muy probable que no tengas un vínculo como lo tendría una persona que ha tenido un apego seguro -o por lo menos este va a costara mucho más-.

Los problemas de la vida que nos causan sufrimiento -y no precisamente físico- ¿no nos dejan acaso huella? ¿y esta no influye en como a partir de entonces vamos a relacionarnos con el mundo que nos rodea?

Las personas con ansiedad, depresión o que han sido víctimas de algún tipo de violencia…algunxs de lxs cuales te dicen que preferirían estar muertxs que vivir así… ¿eso de verdad lo veis tan “a la ligera”? Es obvio que hay que ayudar a esas personas a reducir su sufrimiento  y malestar, pero ¿siempre se puede?

Cuando hice mis prácticas de enfermería en el psiquiátrico estuve con “mujeres crónicas”, es decir, mujeres que estaban internadas allí ilimitádamente. He visto como algunas entraban en situaciones de auténtico pánico por aquello que escuchaban o creían ver. ¿De verdad creeis que es justo vivir así? ¿De verdad creeis que es facil ayudarles? ¿que “la pastilla mágica” siempre funciona? Porque yo misma me encargaba de darles su dosis de Risperdal -entre otros- que, por cierto, tenía que diluirle en la leche o machacar las pastillas y mezclarlas con la comida para que no se enterasen. Si se las tomaban enteras les  mandabas abrir la boca para verificar que se lo habían tragado y -por supuesto- estar delante de ellas desde que se lo dabas hasta que se lo tomaban para que no lo escondiesen en ningún lado. Aunque tengo que admitir que yo no creía que eso fuera a pasar, eran las veteranas las que me avisaban, y sí, pasaba. También era un problema cuando las pastillas cambiaban de formato, una vez que se había conseguido que se las tomaran sin problemas. Básicamente porque cuando cambiaban de formato “ya no eran las mismas”.

¿Por qué pasaba esto? porque creían que las querías envenenar o cosas así. Y eran mujeres “crónicas”, es decir, que estaban bastante estabilizadas; yo no estaba como algunxs compañerxs en “unidad de agudos” donde la gente ingresaba con una crisis aguda (delirios, alucinaciones…) por un tiempo corto y normalmente no estaban con medicación que lxs “estabilizase”. Es decir, el sufrimiento psicológico es duro, imposibilita muchas veces el poder hacer tu vida; véase por ejemplo también una persona que tiene que lavarse las manos X veces cada vez que toca algo, que tiene que limpiar el baño X veces… o que tiene que hacer un ritual para evitar que le pase algo malo a su familia (ritual que hace que llegue tarde al colegio, trabajo…) y que si no lo hace tiene una gran ansiedad. O las personas que no pueden dormir ni hacer su vida por la ansiedad que tienen por, por ejemplo, falta de estrategias para afrontar un determinado acontecimiento.

Claro que estos problemas se pueden mejorar con las ayudas oportunas pero ¿Se pueden combatir completamente? a veces no, y esas personas tienen que vivir con ello toda su vida. (Véase las mujeres ingresadas de las que os he hablado, que estaban todas tomando  medicación y tenían profesionales a su disposición).

Aquí no voy a entrar en sí se está haciendo lo correcto para aliviar el sufrimiento o “tratar” el problema (véase medicación vs terapia).

Otro ejemplo en el que yo he ahondado en mi TFG en enfermería: los pacientes terminales. Concretamente mi TFG fue una revisión bibliográfica exhaustiva sobre el sufrimiento que conlleva la muerte, y cómo la comunicación – tanto verbal como no verbal- puede ayudar a una muerte tranquila y sin sufrimiento. A llegar a la quinta etapa que Elisabeth Kübler Ross nos nombra en su libro “Sobre la muerte y los moribundos” -entre otros libros y documentos de la autora-: la etapa de aceptación.

Aceptación.

Véase “Sobre la muerte y los moribundos” (ELisabeth Kübler Ross, 1969)

Si un paciente ha tenido bastante tiempo (esto es, no una muerte repentina e inesperada) y se le ha ayudado a pasar por las fases antes descritas, llegará a una fase en la que su “destino” no le deprimirá ni le enojará. Habrá podido expresar sus sentimientos anteriores, su envidia a los que gozan de buena salud, su ira contra los que no tienen que enfrentarse con su fin tan pronto. Habrá llorado la pérdida inminente de tantas personas y de tantos lugares importantes para él, y contemplará su próximo fin con relativa tranquilidad. Estará cansado y, en la mayoría de los casos, bastante débil. Además, sentirá necesidad de dormitar o dormir a menudo y en breves intervalos, lo cual es diferente de la necesidad de dormir en épocas de depresión. Éste no es un sueño evasivo o un período de descanso para aliviar el dolor, las molestias o la desazón. Es una necesidad cada vez mayor de aumentar las horas de sueño muy similar a la del niño recién nacido pero a la inversa. No es un “abandono” resignado y desesperanzado, una sensación de “para qué sirve” o de “ya no puedo seguir luchando”, aunque también oímos afirmaciones como éstas. (Indican el principio del fin de la lucha, pero no son síntomas de aceptación.) No hay que confundirse y creer que la aceptación es una fase feliz. Está casi desprovista de sentimientos. Es como si el dolor hubiera desaparecido, la lucha hubiera terminado, y llegara el momento del “descanso final antes del largo viaje”, como dijo un paciente. En esos momentos, generalmente, es la familia quien necesita más ayuda, comprensión y apoyo que el propio paciente.

El dolor físico se palia con morfina, pero ¿y el dolor emocional? ¿el dolor psicológico? el miedo a morir, a morir solx, a qué habrá “en el más allá” (para lxs que creen en él), el miedo a tener que pasar ese momento de la vida a la muerte solxs -porque nos podrán acompañar pero nadie va a morir con nosotrxs-. El sufrimiento por no haberse podido despedir de las personas (tanto por parte del enfermx como de los familiares y amigxs que van a perder a ese ser querido). Esa necesidad de dejar todo arreglado y cada cosa en su sitio, por ejemplo, para un padre de familia que deja una viuda y dos hijxs pequeñxs a su cargo, la necesidad de saber que estarán bien y podrán salir adelante y tendrán de todo lo que necesitan…

Cuando lx propio enfermx sabe que va a morir -porque aunque ustedes no se lo crean suelen saberlo aunque no se le diga- y tiene necesidad de hablar de sus miedos, de dejar resueltos los conflictos que hayan podido tener con algunx familiar o amigx… ese sufrimiento, tanto por parte de lx enfermx como de sus allegadxs implicadxs, ¿qué creéis que es más que sufrimiento psicológico, emocional…? Ya sin llegar a estos extremos la muerte de alguien ¿Qué es?

Y llegado a este punto quiero mencionar que en las investigaciones se reflejaba como personas jóvenes no creyentes, en los últimos momentos, cuando hay que aferrarse a algo -y el que no se va a morir no es precisamente algo a lo que poder aferrarse- creían en dios o algo similar.

¿Qué es este sufrimiento?

Y para acabar:

En las dolencias físicas (una persona encamada que no puede mover más que la cabeza, maltrato físico, parálisis de algún tipo…) ¿no hay también un gran sufrimiento psicológico? entonces, ¿por qué lo infravaloramos tanto? No nos mata pero ¿nos deja vivir?

 

 

“El vértigo de la libertad”

Santorin Klippenspringen cliff diving

Sartre y Ortega dicen que el ser humano está condenado a ser libre. Lo difícil que es de soportar la libertad, y es por eso que la gente se adhiere al sentido común, a la cotidianidad, a los totalitarismos donde no tienes nada que decidir, al consumismo, a los fanatismos…

Por otro lado, Kierkegaard definió el término angustia como “el vértigo de la libertad”. Como si estuvieras en un tejado y no solo es que tengas miedo de caer, si no que también tienes miedo de que puedas tirarte…

Dejando al margen ideologías o corrientes dentro de la pluralidad de la psicología esto parece que tiene bastante sentido. Cuando nos salimos de esa rutina, de esa cotidianidad es cuando empiezan los problemas -psicológicos-  por lo menos en muchas ocasiones. Nos ceñimos a una serie de rutinas que nos dan seguridad, familiaridad, que nos mantienen ocupadxs, y los sobresaltos que pudiéramos tener tienen también sus refugios. Los problemas empiezan cuando el mundo hospitalario, familiar y seguro se nos vuelve inhóspito, poco habitable y hostil: el mundo se nos ofrece ahora sin los amarres y seguridades que nos ofrecía de forma normal hasta entonces; esa cotidianidad queda relegada por la intemperie, tu vida sin protecciones y armazones que tenías antes: tu mundo ya no tiene las seguridades y protecciones que tenía, queda abierto y expuesto a algo imprevisto y a la vez libre de protección.

Un ejemplo con el que se puede ejemplificar esto es un caracol: si le quitamos el caparazón queda expuesto (desprotegido) pero a la vez libre.

Estamos en medio de una mezcla que es “sentirse en casa” y a la vez ser “anónimxs” para el mundo infinito que nos rodea.

Esto es lo que dice una corriente en concreto de la psicología, quizás acertada – por lo menos en gran parte- y que merece la pena compartir para quien le guste cuestionarse las mil y una cuestiones de nuestra existencia.

La era del vacío

La era del vacío (Lipovetsky, 1983. Citado en Glez-Mediondo, 2014) es una buena forma de nombrar la existencia del ser humano en una sociedad individualizada en donde los lazos afectivos son síntoma de debilidad, de la no entereza de la persona. Donde el capitalismo compra emociones y sentimientos y donde tenerlo todo – el todo material- es el objetivo. Una sociedad donde todo es posible pero es muy poco probable que se dé de esta manera posible (Pérez Álvarez). Una sociedad caracterizada por la INSATISFACCIÓN: continuamente deseas lo que no tienes y estás consumido por el consumo (Pérez Álvarez). Una sociedad, como cita Bruckner en 1996, como resultado de una lógica individualista y esencialmente hedonista en donde lx ciudadanx se aleja de sus necesidades básicas y actúa motivado por la satisfacción de sus deseos más inmediatos y la evitación de cualquier sufrimiento.

La postmodernidad líquida exige una vida peligrosa encerrados en una egolatría carente de afectos, imponiendo un ideal de individuo que flota por oficios sucesivos, amores inestables y búsquedas sucesivas del provecho afectivo o financiero (Rendueles, 2007. Citado en Glez-Mediondo, 2014).

El sujeto ideal postmoderno queda reducido a un yo fragmentado en una sucesión de “yoes adaptativos a cada situación: idiotas morales siempre obedientes a lo real por incapacidad de mantener un juicio interno que les pueda producir dolor” (Rendueles, 2007). Ser feliz en el nuevo marco social implica la fragmentación de las vidas, exige a los individuos que sean flexibles, que estén dispuestos a cambiar de tácticas, a abandonar compromisos y lealtades; adaptándose a las exigencias del mercado mundializado para sobrellevar la precarización de la existencia y llevar una vida líquida (Bauman, 2007). Frente a la vida moderna que suponía el desarrollo individual en el marco de unos grupos naturales – familia, compañerxs de trabajo y militancias políticas o religiosas – que la estabilizaban y dotaban de seguridad y argumentos (Rendueles, 2007).

Si algo o alguien frustra mis proyectos de felicidad, si me veo obligadx a atravesar momentos difíciles o nudos vitales, o si cualquiera se interpone en mi camino ya no puedo llegar al ideal de felicidad y plenitud que me están vendiendo y, por lo tanto, mi vida ya no es una vida feliz.” Las sociedades están organizadas para que los individuos no tengan problemas, y si los tienen que los tengan como ellas mandan”(Pérez Álvarez).

Para escapar de los modelos tradicionalistas – en los que  las relaciones son sempiternas, y donde aquello que se sale de lo heteronormativo y, en general, aquello que se sale de la norma, de lo que creemos que debe ser, está mal, es un problema o un “trastorno” o, incluso, un delito -tomando estos modelos como verdad absoluta, sin tener en cuenta la interpretación y demás aspectos que relativizan las verdades-. Para combatir esta rigidez, se pasa – y se obliga a quien no quiere- a “el todo líquido”, en donde nada dura y nada tiene una estructura sólida.

Condenados a la felicidad eterna

Está muy de moda tanto la Psicología Positiva como las críticas hacia ella. En este contexto en el que nos encontramos no es raro que esto suceda:

Vivimos en una sociedad consumista y capitalista, en  dónde se nos hace creer que no tenemos lo que necesitamos para ser felices y es necesario más, por tanto estamos condenados a la insatisfacción permanente que queremos combatir consumiendo eso que nos va a dar la felicidad y, como seguramente no lo consigamos, el ciclo se repite y volvemos a sentirnos insatisfechos.

Una sociedad en donde todo vale para vender: jugar con la autoestima de la gente, crear problemas donde no los hay… son algunos de los ejemplos que se llevan a cabo. Es mirada como un bicho raro aquella persona que decide aceptarse tal como es y no basar su felicidad en cosas (materiales) que la publicidad, y la sociedad al fin y al cabo, le hace creer que necesita para ser feliz. Podemos poner como ejemplo algunos de los mensajes que da coca cola “destapa la felicidad” (2009) o “desde 1886 repartiendo felicidad” (2008).

Una sociedad en donde tienes que ser optimista, proactivx, emprendedorx y no se cuantas cosas; una sociedad en donde la mayoría de las personas están fastidiadas por la crisis, pero deben mirar el lado positivo, ser felices… irse a trabajar al extranjero, ¡menudo planazo! Y si eres de lxs que no quiere irse, eres unx bichx raro, unx vagx, un largo etcétera porque hay mucha gente que se ha ido y tú deberías también hacerlo. Que tu apoyo social, tu familia, amigxs, pareja…estén aquí eso no cuenta, la cosa está mal y tú tienes que aguantar, pero eh ¡Sonríe y sé feliz! ¡No te quejes de tus desgracias, no estés triste, eso es inadmisible! ¿Que estás solx en el extranjero? mira el lado positivo, ¿que te van a embargar la casa por no tener trabajo? Mira el lado positivo….¡no tienes derecho a quejarte!

Bien, partamos de que la felicidad es un estado emocional que no es permanente y que necesita de nuestra señora tristeza para existir, y que, si fuera permanente seguramente ya no sería felicidad. Un ejemplo: estás feliz porque hoy vas a cenar lo que te gusta, si todos los días cenases eso, ¿seguiría teniendo el mismo valor? ¿seguiría siendo algo tan excepcional que te hace sentir en éxtasis? Más que buscar un estado eterno de felicidad quizás deberíamos buscar aquellas pequeñas cosas que día a día nos hacen sentirnos bien, en vez de buscar lo que no tenemos, mirar alrededor y ver lo que sí tenemos.

En el caso de las muertes o cualquier otra tragedia es lo mismo: hay que llevarlo bien, la gente intentará distraerte para que no pienses si estás pasando un duelo o cualquier otro problema que sea (o para ti al menos lo es) importante. La gente se empeñará en levantarte del suelo pero, a veces, la gente lo que necesita es que nos tumbemos a su lado y les hagamos compañía hasta que puedan levantarse. Las cosas malas de la vida hay que hacerles frente (cada uno de la mejor manera que puede o sabe), hay que pasar un duelo, llorarlas, enfadarnos con el mundo o expresar las emociones negativas que sean necesarias. La negación no suele ser buena aliada. ¿Hay gente que no necesite o no quiera eso? Pues posiblemente querer no lo quiera, y necesitar puede que tampoco, pero no podemos obligar a los que si que quieren y lo necesitan a ser felices en un momento en el que estar mal, enfadados y tristes son las reacciones más habituales. ¿Que hay gente que lo supera mediante la felicidad o yéndose de fiesta y no enfrentando el problema? Cada uno hace como puede o mejor le viene.

¿Significa esto que hay que hundirse en el problema y no ser nada positivo? ¿que hay que ser un pesimista radical? No, ser positivo seguramente ayude a llevar mejor las cosas, pero hay momentos en los que expresar emociones negativas es lo mejor que podemos hacer.

Y aún así…yo me pregunto… ¿qué es la felicidad realmente?

 

Estudiamos… ¿y después qué?: crítica a cuatro manos

Empecemos por Enfermería, por favor: te pasas 3 años estudiando y haciendo prácticas en el hospital, de forma que tienes toda la mañana clase y luego prácticas o viceversa y aun tienes que tener tiempo para estudiar. Luego, haces la adaptación al grado para por si acaso..sales muy preparadx la verdad, pero pasa mucho tiempo, incluso años, hasta que te llaman por primera vez para trabajar, ¿y que pasa? que te llaman hoy para un sitio un día, mañana para otro sitio….y no te creas que te llaman con tiempo de antelación, ¡que va! incluso te llaman hora después de haber empezado el turno (sí, lo puedo asegurar), o te mandan a diferentes lugares en el mismo turno…después está el lidiar con la gente que se queja porque: si lxs enfermerxs tardan, sino saben… pero claro, aquí no pasa como en medicina que te especializas, aquí tienes POCAS especialidades, y sino te gustan te fastidias y pasas a ser la marioneta de la seguridad social, con lo cual, tú tienes que saber de todo, ser espertx en todos los campos. Para hacer sustituciones de 3 semanas de vacaciones llaman a unx enfermerx cada 3 días para que la bolsa se mueva (sí, yo fui una de ellas) a pesar, incluso de ser servicios especializados en los que debes tener experiencia (y no la tienes, claro). Así que lo siento, salimos formadxs, no nos llaman, y he de decir que tampoco te dejan hacer prácticas voluntarias fácilmente por temas de seguro y demás. Con lo cual….¿ofreces trabajar gratis y tampoco? en algunas comunidades te dejan hacer un “perfil de urgencias”, “de quirófano” etc. que es un título propio que vale más de 1000€ y que solo te vale para esa comunidad (sí, yo quise hacer prácticas voluntarias en urgencias y me dijeron que hiciese ese perfil y sino el máster de urgencias que tiene plazas limitadas y también vale una pasta). Eso sí, después cuando te llaman para trabajar, después de años, tienes que acudir, sino te penalizan en las listas….y con esto de la “crisis” en muchos sitios estás solx sin unx enfermerx compañerx a quien pedir ayuda.

Pero resulta que luego haces un Máster en Gerontología cuya figura, a pesar de estar supuestamente reconocida, cualquier persona hace la labor que deberías desempeñar tú con dos años específicos de formación.

¿Y Psicología? esto ya es lo mejor, yo que me quejaba de enfermería…por lo menos con enfemería podías ejercer nada más acabar, ahora con psicología nos quitan un año de carrera para obligarnos a hacer un máster (así pagamos más, les viene muy bien) pero, si por ejemplo quieres ir por clínica, y ya dejando de lado el dinero…¿con qué te encuentras? con que los másters tienen muy pocas plazas, poquísimas, así que seguramente si no tienes una media de más de un 8 no entres en ninguno. Y diréis vosotrxs: “está muy bien, así van los mejores” ¿de verdad creéis que quien mejor se adapta al sistema educativo y aprende a “estudiar para aprobar” es quien más sabe? porque os diré una cosa…Bolonia lo deja bastante fastidiado para aprender, ya que materias que se deberían de dar en un año se dan corriendo en 4 meses. Claro que hay personas que estudian y sacan buenas notas y se merecen esa gratificación, y seguramente aprendan, pero lxs mismxs profesorxs nos dicen que “la finalidad del grado no es que salgamos sabiendo hacer terapia”, así que, tanto los que estudian como los que no, necesitan formación complementaria por su cuenta para poder aprender lo que debemos aprender ¿y dónde? en un máster CARÍSIMO, ¡ay! pero que en ese máster a veces te piden experiencia ¿no lo sabíais?, ¿cuándo? porque en tus 4 años de carrera no te da tiempo ni a comer un día tranquilamente. Otra opción para la clínica: el PIR, ¡ay el famoso PIR! que tiene 128 plazas para 8.000 candidatos, y que por si esto fuese poco, quieren poner que necesites el máster para poder presentarte al PIR. Está bien pero, por favor, aumenten las plazas. ¿Cuántxs psicologxs hay en el sistema público? yo creo que se necesitan bastantes… pero ya partiendo de que el estado no quiere pagar esos puestos… resulta que en la privada tampoco puedes ejercer porque hay pocas plazas tanto para el PIR como para el Máster General Sanitario que son las dos opciones que te habilitan. Sin dejar de decir que muchas personas que no se comen y vomitan los apuntes bolonienses (porque poco más tiempo da que para eso) realmente por su cuenta leen, se informan, hacen cursos… ¿y eso donde se les reconoce? Quizás algunas de esas personas sepan más que las que sacan un 10 para entrar en el máster sin, posiblemente, enterarse de nada (o acordarse) de lo que han estudiado.

En Educación Social es más de lo mismo: es un gran cajón de sastre (y desastre) en el que hay mucha morralla inservible, eso sí, aderezada con muy buenas intenciones y un discurso ambiguo que nos hace creer que valemos para todo tipo de trabajo -con el deber de meternos con calzador donde sea-, y a la vez quejarnos amargamente porque nuestra figura no está reconocida y hay otrxs que no nos dejan entrar… se nos ha debido olvidar aquello de que lo que no te gusta que te hagan… Todo ello se ve aderezado con la actitud constante de nuestrxs “representantes oficiales”, que no ven mejor manera de darnos visibilidad que reunirse entre sí en sus sínodos profesionales, donde se están preocupando más por convertirnos en policías del ciudadanismo -con las desventajas que ello acarrea a la gente con la que trabajamos, aunque miremos para otro lado-, en lugar de velar por hacer relevante nuestro esfuerzo.

Y ya vamos a Sexología: personalmente estoy encantada con la formación, aunque he de reconocer que al estarla estudiando a la vez que Psicología a veces me desbordo, pero te dan mucho material para documentarte, y encima yo tengo la suerte de tener un compañero de viaje y de profesión que me aporta más documentos para contrastar la información. Pero… ¿para que estudiamos 2 años de máster para que luego la Educación Sexual quede en manos de asociaciones que utilizan voluntarixs sin formación o los famosxs de moda “Sex Coach”? ¿o que los Psicólogos se apropien de las “terapias sexuales” que deberían ser parte de los sexólogxs? A esto también me uno a decirlo a la inversa, que puede que algún sexólogx haga terapia psicológica…

¿Problemas psicológicos?

En una sociedad hiperpsicologizada e hiperpsiquiatrizada parece que los problemas psicológicos están en alza pero… ¿son realmente problemas psicológicos?

Muchos problemas o dificultades normales de la vida, problemas existenciales, éticos o morales son eso: problemas de la vida, éticos, morales etc., pero no son problemas psicológicos. Muchas personas pueden verse beneficiadas en que se traten como tales porque así se eximen de la responsabilidad de las decisiones de la vida. Por otro lado, la misma industria farmacéutica se puede beneficiar de esto y muchas veces las soluciones – los fármacos – se crean antes que el problema.

En el caso de algunos problemas psicológicos infantiles – como el famoso TDAH- cabría preguntarse si es realmente un problema o si es la sociedad y la forma de funcionar de esta la que no permite niñxs “revoltosxs”. Sin entrar ahora en este caso en particular con tanta diferencia de opiniones entre los profesionales, tan sólo pararnos a reflexionar sobre ello sería lo oportuno. Aunque no hay que olvidar que los problemas psicológicos no son independientes de la cultura y sociedad en la que se vive.

Los problemas psicológicos, que son la forma que tiene la persona de relacionarse con la vida, con su entorno, la forma en que ha aprendido, y que mantiene, a interrelacionarse con lxs otrxs y consigo mismx. Esta es la única forma, la más funcional, que la persona tiene de relacionarse con la vida.

Se entiende que un Trastorno Psicológico se da cuando empieza a interferir en la vida del paciente, entonces ¿interfiere en la vida del paciente y ya es un problema o creamos el problema (poniendo límites a la normalidad según convenga) y aunque esa persona esté estupendamente le creamos el problema?

Creo que, yendo acorde a mi proceso de aprendizaje, dejaré estos interrogantes para contestarme yo misma en siguientes entradas con el tiempo; aunque tenga ya una opinión formada que es objeto de ser moldeada por el mismo proceso de aprendizaje.

Lo que quiero adelantar, y que escribiré en otra entrada, es que muchos de los problemas e infelicidades que tenemos tienen que ver con la idea de felicidad que nos venden.

¡Comenzamos!

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